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jueves, 30 de septiembre de 2010

VESTIGIOS DE TIEMPOS DIFÍCILES

Y así, sin más, me lo contaba la voz de la experiencia. Yo no era nadie para ella y sin embargo, era su confidente. Sus palabras no tenían dolor a pesar de haber albergado tanto sufrimiento. Y aunque la vida le había premiado con muchas alegrías, aún tenía una pena en su interior. Y es que su infancia había sido realmente dura. Hija de padres humildemente trabajadores y la menor de cuatro hermanos, quedó huérfana de padre al poco tiempo de nacer. Era muy pequeña para comprender que en tiempos de Franco no había piedad, que su padre se había ido al cielo y que a partir de ese momento su vida llegaría a ser, lo que no había conocido. A su madre se la llevaron presa y era su única protección. No pudo elegir y su destino fue creer que no tenía más padre y madre que los que la habían criado. A los 9 años se enteró de que, la señora que todos los días las visitaba desde lejos, era su madre biológica y sus hijos; sus hermanos de sangre pero desgraciadamente sólo eran conocidos para ella, porque la vida no había querido, que esa fuera su verdadera familia. Así, a sus 74 años me lo contaba como parte de su pasado; un pasado que había marcado para siempre, su presente y su futuro. ¡Ahora vive con sus recuerdos, vestigios de tiempos difíciles!