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lunes, 31 de mayo de 2010

UNIDOS POR UN PRESAGIO

3ª PARTE

La suerte de Leonardo era ahora incierta, un caballero lo llevaba en su carruaje, cabalgando velozmente entre los árboles y dirigiéndose hacia un paradero desconocido. El pequeño lo miraba atentamente y no lloraba, pareciera como si no se hubiera dado cuenta de aquel extraño cambio y con normalidad era conducido al “reino de Sirivijaya”; un reino que llevaba el nombre de su propio rey. Un rey poderoso y muy sabio. 

Leonardo miraba en todas direcciones, el carro continuaba moviéndose y zarandeando al niño. Quieto y tranquilo observaba su alrededor. 
Se adentraban en parajes desconocidos, insólitos y lúgubres. Un camino les conducía hacia un castillo de torres elevadas y adornadas con ventanas. Era una fortaleza lujosa propia de una poderosa realeza.
La neblina del lugar envolvía a aquel caballero y una bruma espesa atípica en una noche de verano, hacían, que a cada paso, desaparecieran entre tan tremendo oleaje. El camino estrecho y angosto precipitaba al caballero a su destino. Tras una larga cabalgata, el caballo se detuvo a los brazos del castillo. Su sombra hacía fiel reflejo en el agua del río y el caballero aguardaba impaciente la llegada del guardián de los portones.
                                                    Continuará...

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